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" En medio del estruendo de las explosiones, los gritos y el caos, caminábamos entre escombros que alguna vez fueron nuestros hogares.
El aire olía a humo y miedo. Los niños lloraban, buscando consuelo entre ruinas que antes eran calles llenas de risas. Cada día se volvía una lucha por encontrar comida, refugio y un destello de esperanza en medio de la oscuridad que nos envolvía.
El miedo se había convertido en un compañero constante, robándonos la tranquilidad, dejando cicatrices invisibles tan profundas como los cráteres que ahora marcaban nuestro pueblo. "
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